The South Carolina Modern Language Review |
Volume 3, Number 1 |
De los conceptos de vida y muerte en el cancionero
de la
izquierda española
by Jose
L. Morillo-Amo
Marshall
University
Por el aire
amarillo
pasa la muerte.
Los ojos, los
balazos,
hueca la frente;
En la boca vacía,
treinta y dos
dientes
Que van castañeando:
¡Viva la Muerte!
(canción anónima)
El estoicismo con que el
pueblo español ha venido enfrentándose a la muerte ha sido una constante entre
historiadores y escolares de todos los tiempos. El geógrafo griego Strabo
(63 A.C.), observa en el pueblo íbero un singular regocijo en el sufrimiento y
en la muerte. Havelock Ellis indica un
análogo aspecto acerca de esta actitud de los españoles: "The early
Iberians, even when nailed to the cross, still chanted their national songs …
and the Iberians mothers dashed their children to death rather than they should
live to be slaves" (43). El belga
Emile Verhaeren en su España negra comenta la insistente fascinación que
la muerte suscita en el pueblo español para acabar afirmando de que España es
"un amigo de la muerte" (35).
De esta disposición obsesiva hacia la muerte, García Lorca señala como
"En todos los países la muerte es un fin. Llega y se corren las cortinas.
En España, no. En España se levantan. Un muerto en España está más vivo como
muerto que en ningún sitio del mundo" (115). Sobre este sentido último de la vida, el cancionero de la guerra
civil española ofrece un extenso muestrario, probablemente inigualable en otras
épocas. Jan Lechner, por ejemplo,
observa en el cancionero nacionalista un desprecio por la muerte en el campo de
batalla y lo atribuye a las creencias católicas del español "con el
fenómeno de la muerte, lo que hace que la acepte más fácilmente en el contexto
de su vida y de la sociedad en que vive" (213). También, Natalia Calamai, al analizar la poética nacionalista, ve
en la realidad última de la muerte "una actitud de resignación
cristiana" (155). Piotr Sawicki,
en un conciso estudio de la poesía falangista hace análoga observación aunque,
según el crítico polaco, se formula de una manera distinta al de la poesía
nacionalista ya que "la familiarización con la muerte no produce aquí su
desprecio, sino más bien una especie de culto, de apología, de deseo casi
físico de unirse con ella y poseerla antes de ser poseído" (71). Frente a
esta concepción cristiana de la muerte presente en el cancionero de la derecha,
en el de la izquierda, señala Pérez Bowie, “la ausencia de todo
trascendentalismo en el enfoque de la muerte hace que el sacrificio sea
contemplado desde una perspectiva estrictamente humana” (149).
Sobre esta concepción de
la muerte que se manifiesta en las rimas de ambos frentes, la crítica literaria ha encauzado mayormente sus estudios desde
la perspectiva de la España nacionalista, dada la simbiosis política y
religiosa entre la concepción de la muerte como sacrificio en el frente de
batalla y la existencia de una vida ultraterrena de acuerdo con las creencias
cristianas, peso determinante del conglomerado ideológico del bando derechista. Por el contrario, apenas se ha hurgado en
las rimas republicanas que tratan este mismo tema, debido probablemente al
virulento anticlericalismo que caracterizó el discurso de la izquierda
española, así como a una limitada imaginería poética de tipo religioso. En
todo caso, no pretendemos señalar y valorar el supuesto histórico ateismo
militante de las clases proletarias, sólo aspiramos a establecer de cómo el
componente social, el componente
político y el componente religioso, por separado y en conjunto, tejieron las
bases de los conceptos de vida y muerte en el cancionero de la izquierda
española.
Como punto de partida,
recordemos que, aunque por cosmovisiones diferentes, la gran mayoría de las
unidades en las que se distribuye el campo semántico de la muerte, apenas si
presentan diferencias sustanciales en el cancionero de ambos frentes. En él apreciamos una constante llamada a la
muerte en forma de arengas y gritos, y
una imaginería propia de todo canto bélico, cuya consecuencia directa se
traduce en un desprecio total por la vida.
Por ejemplo, el lema popularizado durante la guerra civil, "No se
muere más que una vez," provocó fructífera incursión tanto en la zona
republicana, donde se entonaba: "Las Compañías de Acero / cantando a la
muerte van" (Díaz 65), como en la nacionalista: “Contentos tus hijos irán
a la muerte" (Díaz 121). Este
culto a la guerra, señala Caudet, "presupone el culto a la muerte. El
saber morir se convierte en una
virtud suprema" (98). De ahí que
el combatiente busque en el concepto medievalista de la fama o en el del buen morir,
su más elevado anhelo:
Con los zapatos puestos
tengo que morir
que si muriera
como los valientes,
hablarían de mí.
(Alberti 20)
Por lo que se refiere al caso específico del cancionero compuesto en zona
republicana, la muerte es presencia continua y constituye, junto al componente
ideológico, uno de sus núcleos temáticos fundamentales. En primer lugar, destacamos aquellos cantos
en los que la muerte adquiere un sentido de sacrificio de acuerdo con la
concepción marxista que eleva la significación de la lucha de clases en un
intento de alcanzar la justicia social de un pueblo encadenado a su
pasado. De ahí que no podamos entender
este objeto de culto sin el concepto de libertad, no como muerte que libera,
sino como muerte inevitable en defensa de los valores del individuo. Esta presencia alentadora hacia la defensa
del valor de la libertad despierta asociaciones de diverso tipo por vinculación
entre significado y significante. Así,
la fórmula "vencer o morir," parte de la concepción de la existencia
terrenal como cárcel del pueblo sintetizado en dos simples versos: "Nos
templó la miseria / sabremos vencer o morir" (CL 137)[1]
Una cantinela que se repite obsesivamente: "La consigna hay que cumplir: /
Regresar victoriosos o morir" (CL 101). La máxima horaciana, dulce
et decorum pro patria mori, realza esta concepción de la muerte como
sacrificio: "Morir por la Patria / qué bello morir" (CL 71).
En otros cantos, la
cuestión ideológica y la cuestión social corren parejas. De este modo, los lexemas
"cadenas" y “esclavitud” son fácilmente identificables con una
terminología tradicionalmente vinculada a la retórica de la izquierda,
funcionando como equivalentes a la condición social de la masa obrera:
"España no puede ser / país que quiera tener / esclavos para morir" (CL
107). Concebida de esta forma, la
muerte es asumida como una liberación siempre en el marco de esa tensión entre
esclavitud y libertad: "La muerte no importa, / si esclavo he de ser, /
prefiero caer" (CL 76). A
veces, la expresividad de la imagen que formulan los cantos hace que algunas
expresiones se conviertan en lugares comunes funcionando a la vez como centros
generadores de nuevas variantes. Esto
lo vemos en la popular consigna: "Antes morir en pie que vivir de rodillas,"
realización del "vencer o morir," que da lugar a una serie de
fórmulas construidas sobre la base de la misma imagen con idéntico valor
funcional:
Pasionaria, con fe,
dijo con frases
sencillas:
antes morir en
pie
que vivir de
rodillas (CL 11).
Una misma postura con
antecedentes milenarios la hallamos en las rimas siguientes inspiradas en el
cerco de Valencia por las tropas nacionalistas: "Antes que vivir esclava,
/ con todos tus hijos dentro / arderás como una falla" (Abella 408). De igual forma, el sitio de Madrid, base de
numerosas consignas como el "No pasarán," o "Madrid será la
tumba del fascismo," dio significado a numerosas canciones y romances:
"No pasarán, / antes caeremos nosotros" (CL 172).
Otro uso recurrente en el
cancionero de la izquierda es el del adjetivo ‘rojo’ como significante
bivalente de ideología y de muerte.
Este fondo ideológico da un sentido más fuerte al sustantivo sangre, que
se convierte en muerte no paralizante, sino dinámica y transformadora:
Roja sangre roja
demos a la mar
de un futuro inmenso
de trabajo y
libertad. (CL 65)
Bajo el componente social
e ideológico que da sentido a la muerte, en otros cantos, late más o menos
explícitamente, un sustrato conceptual de tipo humano-religioso al hacer el
combatiente testimonio de su fe en la sangre derramada:
La bandera de los
obreros es vivamente roja.
Cubre los
cadáveres de nuestros mártires
y antes de que
sus miembros se vuelvan rígidos y fríos,
la sangre de sus
vidas tiñe todos sus pliegues. (CL 149)
El valor apologético del martirio es significativo en esta visión de la
muerte que acabamos de ver: el soldado ofrece su vida, para con su muerte,
ganar la libertad. De esta forma, el
héroe caído se convierte en mártir de su confesión. El concepto de testificar con la sangre adquiere, de acuerdo con
la noción socialista, una dimensión ideológica y no espiritual. En referencia al doctrinario marxista, Pérez
del Río expresa que "El héroe rojo supera en esto, al mártir cristiano,
pues inmola su vida, sin la esperanza de alcanzar el paraíso prometido"
(107). Si bien, según el socialismo
científico, el paraíso no existe toda vez que la vida culmina en la muerte, en
el caso del pueblo español, el peso de una arraigada herencia cristiana forjada
a través de los siglos, produce una tensión ideológico-espiritual en cuanto a
la matización dada al vocablo mártir sangre derramada. Esto es importante a la hora de juzgar el status espiritual de aquellos españoles
que murieron, no sólo por causa de sus principios cristianos sino también el de
aquellos que murieron a causa de sus principios cívicos de fe y lealtad. La pregunta que cabría formularnos es si a
estos últimos podemos asumirlos como mártires desde el punto conceptual
cristiano. Si bien este dilema excede
las intenciones de nuestro trabajo, conviene, no obstante, llamar la atención sobre la noción católica
que del concepto mártir aparece en el tratado "De servorum Dei
beaticatione et beatorum canonizatione," de 1737. En él, su autor, Benedicto XIV, amplía, aún
desde un punto de vista cristiano, la motivación que lleva al martirio a
aquellos que mueren por una causa justa.
Para ello, el pontífice hace una distinción entre el martirio coram Deo y el martirio coram Ecclesia, “en el sentido de que
tal hereje o cismático puede ser muy bien considerado como mártir por Dios,
según sea el juicio divino sobre la pureza y rectitud de sus intenciones
mientras que la Iglesia no puede pronunciarse al respecto" (Civil Desveu
203).
Esta sincronía entre
ideología (principio cívico) y martirio (identificación con Cristo) en el
discurso de la izquierda la podemos constatar en los siguientes versos de
romance en los que el poeta libertario establece una simbiosis entre Pueblo y
sacrificio de Cristo en la cruz:
Esto que tienes delante,
éste ya martirio
excelso
de un pueblo que
soltó sangre
por el costado
derecho (Salaün 33)
Este sacrifico por
excelencia, doctrina en la cual se fundamenta el cristianismo, lo observamos
asimismo en el empleo del lexema verbal 'dar' del siguiente verso: "Y si
es preciso nuestra sangre dar" (CL 98). Este verbo lo encontramos junto a los sustantivos 'vida' y
'sangre' en los cuales se revive el dogma de la Eucaristía mediante el cual se
transubstancia el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo: "Torturado
en la cárcel hasta la muerte / en la lucha por el pueblo y la libertad, / diste
tu vida, diste tu sangre" (CL 177). Parecido lenguaje ritualístico es utilizado en el siguiente canto
para plantear el sacrificio evangélico --pasión y muerte--, necesario para
construir un nuevo orden universal: "Daremos nuestra sangre / por un nuevo
amanecer" (CL 91). De esta
forma, “la ética cristiana que establece una ecuación entre el “bien” (ser
soldado de la España leal, podríamos añadir) y el “auto-sacrificio” (darlo todo
por lo demás que incluye la propia muerte), queda, así, explicitada.
Un último aspecto de este
estudio agrupa poemas que consideran la inmortalidad, un problema común a la
filosofía y a la religión y que equivale al destino o supervivencia del hombre
después de la muerte. Esta creencia de
la vida como transitus que lleva en
sí el sentido de inmortalidad ha suscitado diversas explicaciones. En nuestro caso, recordemos como los
conceptos sobre la muerte y la inmortalidad han sido un continuum en la vida española.
Menéndez Pidal declara como "The thought of death, which is thirst
for inmortality, is the profound concern of the Spanish people" (Pritchett
69). Por su parte, en su meditación
continua sobre la justificación de vivir y la racionalización de la muerte,
Unamuno plantea: “¿Y cuál ha sido el
más entrañado resorte de la vida de nuestro pueblo español sino el ansia de
sobrevivir, que no a otra cosa viene a reducirse lo que dicen ser nuestro culto
a la muerte? No, culto a la muerte, no; sino culto a la inmortalidad”
(157). Parecido argumento es empleado
por Salvador de Madariaga aunque en su acepción del “morir para vivir,” no
dejan de percibirse resonancias cristianas: "Conscientemente o no, el español
ve sobre un fondo de eternidad, y su orientación vital es más religiosa que
filosófica" (38). Por último,
Rafael Abella, al referirse a aquellos críticos años de la guerra civil,
corrobora este trasfondo religioso:
"La entereza a la hora de la muerte ha sido siempre una virtud
encomiada en tierras donde un hondo y trágico sentido místico-religioso ha dado
a la vida un valor de tránsito hacia otra mejor" (64).
De lo anterior podemos
deducir que el concepto de mártir, antes aludido, está ligado al de
inmortalidad, sustanciado en la propiedad de no morir un ser que vive o, el
equivalente al destino post mortem. Claro que el vocablo tiene distintos niveles
de intensidad en las formas de alcanzar la inmortalidad, aunque siempre subyace
la idea unamuniana
de supervivencia, concebida ésta "como una
prolongación temporal, finita o infinita, de la vida" (Ferrater Mora
234). Entendido así, el uso semántico
de esta concepción, aún sin aparente
relación con la ortodoxia católica, --la mortalidad corporal es reemplazada por
la inmortalidad del alma--, cabe, no obstante, dentro de la misma ecuación muerte = inmortalidad y que no hace sino
refrendar, en un plano concreto, el ansia de eternidad o pervivencia aludida
antes. Como indica Guillén Torralba:
La aspiración del hombre a la supervivencia puede considerarse una de las ideas concomitantes de cualquier actitud religiosa; es un sentimiento que acompaña al hombre y que jamás le abandona. Siempre ha buscado instintivamente un estado donde se encuentre lejos y apartado de la amenaza que representa para él la fuerza destructora del tiempo. (748)
Este sentido de
resistencia al vacío lo observamos en numerosas rimas por medio de una
imaginería de origen agrícola vinculada al tema mítico de la tierra cuyo ciclo
natural de siembra y recolección se relaciona directamente con el anhelo de
inmortalidad. Por ejemplo, en el
siguiente canto, la tierra es concebida como la diosa madre que necesita ser
fecundada para que dé sus frutos de nuevo:
Tierra: tierra en la boca, y en el alma y en todo. / Tierra que voy comiendo,
que al fin ha de tragarme. / Con más fuerza que antes, volverás a parirme,
madre. (Hernández 171)
De igual forma, en los
siguientes versos se sugiere el concepto mítico de fecundidad mediante parecida
imaginería agrícola:
Vuestras almas
reposan en el silencio
de la tierra
callada que os vio morir;
no sois muertos vulgares, sois la simiente
de los bellos
frutos del porvenir. (CL 72)
En tal esquema, el lexema
de procedencia agrícola simiente
entronca el hecho de la muerte dentro del dinamismo de la continua transformación de la sangre en semilla
fértil: "Tu semilla es pura y fuerte / pan de sangre y de dolor" (CL
76). Otras lexias importantes son
las que incluyen la espiga, cereal frecuentemente citado en nuestro cancionero
y utilizado como símbolo de fecundidad: “De la sangre derramada / una espiga
nacerá" (CL 113), o "Envidio el grano del trigo / que al morir
su espiga enciende" (Blanco 31).
Este ha sido el marco
sobre el cual hemos venido desarrollando el tema de la muerte en el cancionero
popular de la izquierda española durante la guerra civil y este va a ser el
clima sobre el que discurrirán unas últimas reflexiones.
Nos hemos enfrentado a una
serie de consideraciones cuya unidad de contenido es el tema del culto a la
muerte, una veneración que corresponde a distintas actitudes del ser ante las
circunstancias que le rodean. A cada
situación vital corresponde un estilo: unas veces es alegre, "cantando a
la muerte;" otras, arrogante que descansa en "el orgullo de poder
morir;" otras, mediante un estilo sentencioso condensará en breve copla
una dura experiencia, "Vivir en cadenas;” cuando no está coloreada de un
negro soberbio que la lleva al grito de "¡Viva la muerte!"
Todas estas experiencias
colectivas sobre el sentido de la vida o las propias limitaciones de la
libertad aparecen en las rimas al rescoldo de una actitud claramente
esperanzadora. En unas y otras, a la
muerte se le planta cara desde una actitud estoica. No hay asomo de tanatofobia o de meditato mortis sobre su sentido o sin sentido y, si lo hay, está
disfrazado de resignación y placidez hasta el punto de que, a veces, percibimos
una delectación morbosa en ella, via purgativa que se presenta como un
gratificante camino que hay que seguir para llegar al esperanzador mañana. Visto así, el deseo de morir fue moneda
corriente admitida por todos, muerte presentada, más que como un tributo a pagar, como un
sacrificio necesario a una causa mayor y perenne que el mismo ocaso. Una muerte, en suma, que no cerraba el
camino sino que lo dejaba abierto al amanecer de una futura España.
Asimismo, en la concepción
de la muerte como sacrificio, la repetición de palabras y conceptos se hace
palpable en formulaciones lexicales de inequívoca eficacia: --mártir, miseria,
cadenas, sangre; de lexemas verbales: --vencer o morir, verter, dar, derramar--
e, incluso una misma terminología de la tierra de obvias connotaciones
espermáticas: --siembra, semilla, trigo.
No obstante esta iteración, cabe hablar de dos sentidos de hacerle
frente a la muerte. Esto lo hemos
podido observar en la descomposición del discurso poético en órdenes
aisladas --consignas, arengas,
fórmulas, palabra-signo--, en las cuales se pone de manifiesto dos
intencionalidades convergentes: la una, ideológica; la otra, espiritual cuyas
raíces las encontramos en las ideas filosóficas y científicas de la Europa de
finales del siglo XIX y en el industrialismo de la vida moderna, causante de
que los valores tradicionales cristianos sobre la muerte pesasen menos en un
proletariado militante enfrentado a la incoherencia de una Iglesia que aplazaba
sine die encontrar soluciones
medievales a problemas sociales de la época.
Esta cruda realidad condujo a que la religión católica apareciese a los
ojos de las masas obreras como una religión hipócrita, auténtico opio del pueblo, lo cual, no quiere
decir que esta crisis de fe produjese una total des-cristianización o pérdida
de energía espiritual de la masa obrera española, al contrario, según Sánchez,
the need for
trascendence was still there. If traditional catholicism could no longer
address working-class needs because it counseled humble acceptance of economic
oppression, then it had to be rejected in favor of the secular ideologies of
anarchism and socialism; or else traditional Catholicism had to be purified,
purged of its unworthy elements. (51)
De ahí que el
desbordamiento anticlerical, extremista de la izquierda española motivado por
los intereses creados de una iglesia esclerótica fuesen encauzados, según
Salaün, a "un intento de reestructuración de la religión católica, a una
evolución ideológica de la mitología cristiana” (33).[2]
Finalmente, tal y como se
desprende de la lectura de los textos analizados en este ensayo, es evidente
que, aun careciendo de un planteamiento filosófico profundo de los conceptos de
la vida y de la muerte, éstos derivan de una amalgama de compromiso político,
social y elementos de una matriz religiosa (al menos del tipo
cristiana-católica), los cuales convergen a la hora de delinear una vertiente
ético-moral que da sentido a la muerte. Esta valoración al hecho de la muerte,
un hecho que necesariamente había de significar algo más que el vacío o la
nada, dio fuerza al combatiente a reconciliarse con la idea de su propio fin en
aquellos trágicos años treinta.
[1] Para la recopilación del material lingüístico que nos ha servido de base
para este estudio se ha recurrido primordialmente a la antología Canciones
de lucha que aparece en nuestro texto bajo las siglas CL y su número
de página correspondiente. También conviene destacar que dada la falta de
uniformidad ideológica en la España republicana las canciones que aparecen en
dicha antología, anónima muchas de ellas, simbolizan las aspiraciones de un
proletariado militante adscrito a los partidos comunista y ácrata
principalmente.
[2] A la España que permaneció fiel a la II
República no debemos interpretarla como la España atea o anticatólica, según el
discurso oficial de la derecha o, en un intento de encauzamiento hacia el
marxismo puro, por parte de algunos ideólogos de la izquierda. De sobra es
conocido el gran número de católicos militantes y miembros de la Iglesia que
unieron sus fuerzas a la España leal, dando sus vidas en defensa de sus
principios e interpretación cristiana. André Malraux declaró en plena Guerra
civil española que “no terminaba de comprender un país en el que los comunistas
como Alberti creen en la Virgen y católicos como Bergamín son comunistas
(Trapiello 91). Igual podría decirse de la naturaleza anarquista y cristiana de
Rosa Chacel. Una dualidad, la de la escritora vallisoletana, que resume la
rápida e intensa irrigación del bakunismo en España más que en ningún otro país
en respuesta a la utilización ideológica de la figura de Cristo anunciador a la
masa proletaria de un Nuevo reino de justicia y libertad.
Obras citadas
Abella, Rafael. La vida cotidiana durante la Guerra civil
española: La España Nacional.
Barcelona: Planeta, 1978.
Alberti, Rafael. El poeta en la España de 1931. Buenos Aires: Patronato Hispano-Argentino,
1942.
Blanco Aguinaga,
Carlos. Historia social de la
literature española III. 3
vols. Madrid: Castalia, 1979.
Calamai, Natalia. El compromiso de la poesía en la guerra
civil española. Barcerlona:
Editorial Laia, 1979.
Canciones de lucha. Madrid: Pacífico, 1980.
Caudet, Francisco. “La poesía en la Guerra civil.” Historia. Madrid: 17, 1986.
Civil Desveus, R. Gran Enciclopedia Rialp. Madrid: Ediciones Rialp, 1989.
Diaz Viana, Luis. Canciones populares de la guerra civil. Madrid: Taurus, 1985.
Ellis, Havelock. The Soul of Spain. Cambridge: The Riverside Press, 1931.
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Lechner, Jan. El compromiso en la poesía española del
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Pérez Bowie, José A. El léxico de la muerte durante la Guerra
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Sánchez, José M. The Spanish Civil War as a Religious
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Sawicki, Piort. “Espero morir despacio… El rito de la
muerte en el ideario colectivo de la Falange.”
España Contemporánea 1 (Primavera 1995): 69-80.
Trapiello, Andrés. Las armas y las letras. Literatura y
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Barcelona: Planeta, 1994.
Unamuno, Miguel de. “Vida de Don Quijote y Sancho.” En Obras completas. Vol. III.
Madrid: Escelicer S.A, 1966.
Verhaeren, Emile. España negra. Madrid: Taurus, 1963.