The South Carolina Modern Language Review |
Volume 5, Number 1 |
La violencia masculina en los Desengaños amorosos de María de Zayas
by Nadia Avendaño
College of Charleston
En las últimas dos
décadas se ha notado un aumentado interés en María de Zayas y sus “novelas”1. En el pasado, los críticos apenas se
habían interesado en el género de la novela corta (con la excepción de las Novelas ejemplares de Cervantes) porque
tales historias se percibían como literatura popular de poco valor literario.
Sin embargo, ahora con la cultura popular como objeto de estudio docto, el
género ha recibido mayor interés.2
La producción literaria de María de Zayas y
Sotomayor fue bien recibida en la segunda mitad del siglo XVII. No sólo fue la
escritora más exitosa de España de la época pero fue la más leída después de
Cervantes, Quevedo, y Alemán. Aunque este ensayo se enfocará en el propósito
feminista y concientizador de Zayas, es importante mencionar que su narrativa
escandalosa y salaz responde a una clara demanda por el público lector de esa
época. Una breve enumeración de los temas de sus “novelas” revela este intento
sensacionalista: la tortura, la violación, la desmembración, el asesinato, el
travestismo, el deseo lesbiano, y la homosexualidad figuran entre estos temas.
Varios críticos han intentado explicar el nivel excesivo de violencia en su
obra y algunos ven su fascinación con lo sangriento como una expresión del
carácter barroco tan evidente en las artes plásticas como también en el teatro
(Brownlee 19).
La segunda parte de la colección de novelas de
María de Zayas y Sotomayor, publicada en 1649 con el título de Desengaños amorosos, nos ofrece una
visión misógina del mundo patriarcal en que viven las mujeres y muestra la
crueldad y violencia que infligen los hombres a las mujeres. En varias
historias, narradas por las mujeres del marco novelesco, la protagonista
experimenta una muerte violenta a manos del hombre.3
El hecho de que todas las protagonistas son inocentes enfatiza la idea de Zayas
que los hombres no son merecedores del amor de una mujer y que el único lugar
seguro para la mujer es el convento lejos del dominio del hombre.
De acuerdo con Patsy
Boyer, Zayas utiliza subtextos masculinos como el del honor pero, a diferencia
de la trama tradicional donde la justicia poética reestablece el orden social,
Zayas muestra lo opuesto. Ella enfatiza el desorden inherente en este discurso
patriarcal para silenciar y controlar a la mujer. La autora quiere mostrar la
falibilidad de este sistema de honor donde el desorden se manifiesta en la
violencia contra la mujer (69).
Aunque muchos críticos
dicen que estas novelas no llegan a cuestionar el sistema patriarcal, afirmo
que Zayas efectivamente denuncia este sistema misógino e intenta despertar una
conciencia moral en sus lectores. Este tomo feminiza y materializa el discurso
corporeal. En el siglo XVI y XVII, época en que los escritores, la Inquisición,
y el estado usaban los cuerpos por varios propósitos estéticos, didácticos,
políticos pero esencialmente patriarcales, María de Zayas dio su propia
respuesta a la dominación masculina de discursos de sexualidad, relaciones de
género y justicia. Utilizando la violencia y el discurso corporeal para
transmitir un mensaje feminista, la segunda colección de novelas de Zayas
incorpora el espectáculo de violencia visto en la vida pública, la literatura,
y el teatro.
Diferenciándose de las Novelas amorosas donde se dividen los narradores equitativamente
entre hombres y mujeres, la segunda colección excluye a la voz narrativa
masculina. De acuerdo con Lisa Vollendorf, Zayas intenta valorizar y autorizar
las voces y experiencias femeninas y emplea el cuerpo de la mujer como un
espacio que experimenta violencia y tortura dentro de una misoginia
institucionalizada. El propósito de Zayas es enfatizar la necesidad de la mujer
de crear una voz propia y lo importante que es para los hombres lectores
valorizar lo femenino (100). Al forjar una conexión entre las voces y los
cuerpos de mujeres, Zayas cuenta la historia de la mujer de su época. Por medio
de esta conexión, la autora traza los principios de un temprano feminismo
corporeal que adentra y politiza al cuerpo femenino (Vollendorf 39).
Anticipando a Hélene
Cixous y Luce Irigaray, quienes les incitan a mujeres que escriban a través de
sus cuerpos femeninos y de su experiencia como mujeres, Zayas habla a través de
una colectividad de cuerpos femeninos, forzando a la mujer a reconocer su
posición desvalorizada en la sociedad (43). En este estudio se analizarán dos
de las diez novelas de Desengaños
amorosos, “La inocencia castigada” y “Mal presagio casar lejos” y se
estudiará la función del cuerpo de la mujer en la sociedad de esa época. Zayas
muestra este cuerpo femenino como objeto de una violencia sádica, acercándose
en varias instancias a lo pornográfico y nos lo revela a través de una descripción
naturalista. En ambas novelas, Zayas intenta despertar la conciencia moral en
sus lectores y protesta la situación de la mujer.
Desde el comienzo de
“La inocencia castigada” se muestra el espacio estrecho que ocupa la mujer y su
valorización como objeto de intercambio en el mundo patriarcal. Se trata de una
mujer, doña Inés, que acepta contraer matrimonio con un hombre escogido por su
hermano. Desde el comienzo se enfatiza la falta de poder que tiene ella en la
elección de esposo y se explica que doña Inés quiere casarse no tanto por amor
o por obediencia sino para escaparse de su cuñada cruel. Sin embargo, la
narradora relata que: “por salir de un cautiverio,” fue “puesta en otro
martirio” (110). Se sugiere que su condición de mujer la impide ser libre y la
restringe a un espacio limitado, primero, como hermana y luego como esposa. Es
decir que es tratada como objeto, primero, bajo la posesión de su hermano y
después trasladada como posesión a su marido. Su condición empeora al casarse
porque cae víctima de la mirada de un hombre y de sus apetitos sexuales y por
consecuencia pierde el honor.
La pérdida de honor
ocurre cuando Don Diego se enamora locamente de doña Inés y al no poder
seducirla, él la hechiza y por consecuencia se apodera del cuerpo de doña Inés.4
El hecho de que los oficiales la encuentran inocente porque actuó bajo
un encanto, no la salva de un castigo. Zayas emplea un subtexto masculino, el
del honor, y lo subvierte porque aunque la mujer es juzgada inocente, no hay un
final feliz (Boyer 69).5 Zayas
cuestiona la falibilidad del código de honor porque no importa si la mujer
comete el crimen o no, lo que importa es mantener a la mujer subyugada al
hombre.
Zayas también
desmitifica el amor verdadero, reduciéndolo a un amor falso y superficial. Por
ejemplo, don Diego, que supuestamente ama a doña Inés, no piensa en el peligro
en que la pone declarándose públicamente a ella, una mujer casada. “Amaba, en
fin, sin juicio, pues no atendía a la pérdida que podía resultar al honor de
doña Inés con tan públicos galanteos” (112). También cuando una vecina lo
engaña trayéndole a una prostituta en lugar de doña Inés, don Diego no se da
cuenta que le hace al amor a otra mujer. La manera en que se efectúa el engaño,
mediante un vestido (parecido al de doña Inés), es clave para mostrar que las
mujeres son intercambiables y que sólo representan cuerpos para poseer; el
vestido es la prenda que identifica a Inés y es lo único que don Diego conoce o
que le importa de ella. El hecho de que don Diego mira a doña Inés como un
objeto subraya lo que Laura Mulvey define como “escopofilia,” “that which
arises from pleasure in using another person as an object of sexual stimulation
through sight” (435).
Cuando don Diego decide
acudir a un hechicero, él le construye una figura de cera representativa de
Inés. Es una réplica exacta de ella y muestra la objetivación de Inés. Es un
ejemplo de la mujer como objeto de deseo y de la mujer como ausencia. La
narradora dice con respecto a la figura de cera que don Diego:
…por ver en la figura el natural retrato de su
natural enemiga, con tanta perfección, y naturales colores, que si, como no era
de más del altor de media vara, fuera de la altura de una mujer, creo que con
ella olvidara el natural original de doña Inés, a imitación del que se enamoró
de otra pintura y de un árbol.(124)
Esto muestra que don Diego es capaz de enamorarse de una figura de cera
si sólo fuera de la altura de doña Inés. Vemos de nuevo la desmitificación del
amor verdadero reducido a un amor falso y superficial que consiste en la
objetivación de la mujer.
Otro ejemplo que
refuerza la idea de la mujer como ausencia y objeto es cuando Inés, en estado
hipnótico, está en la cama con don Diego y éste le platica pero ella no le
puede responder. Diego se siente triste porque ve que ella está “fuera de su
sentido,” sin embargo, sabe que es la única manera de poder gozar (abusar) de
ella. La narradora, refiriéndose a don Diego dice:
… por parecerle que doña Inés estaba fuera de
su sentido con el maldito encanto, y que no tenía facultad para hablar,
teniendo aquéllos, aunque
favores, por muertos, conociendo claro que si
la dama estuviera en su juicio, no se los hiciera, como era la verdad, que
antes pasara por la muerte, quiso gozar el tiempo y la ocasión… (125)
Es evidente que Inés es un objeto para el goce del hombre, para su
posesión, y en este caso para ser violada.
A lo largo de la
novela, vemos la violencia y el poder que ejerce don Diego sobre Inés. El se
cree un Dios porque la tiene bajo su control con un encanto y él no siente
ningún remordimiento por sus acciones. Al contrario, este tipo de control le
alimenta el ego. De día ella lo rechaza una y otra vez pero él, muy seguro de
sí mismo, le dice: “Cerrad, señora, que a la noche yo os obligaré a que me busquéis”
(126).
A través de las
novelas, Zayas muestra cómo el poder patriarcal ejerce el control sobre la
mujer. Aunque los oficiales encuentran a doña Inés inocente del pecado de
adulterio: “pues privado su entendimiento y sentido con la fuerza del encanto…”
(129) es la familia de Inés que se convierte en su verdugo. La posición oficial
en este caso no la encuentra culpable por su falta de voluntad, sin embargo, a
la familia no importa la razón o la causa, la honra de la familia ha sido
amenazada y manchada. La estructura familiar patriarcal se pone en peligro y la
mujer se convierte en víctima de la violencia al recibir un castigo severo.
Debido a sus acciones,
concientes o no, Inés ha desafiado el sistema patriarcal y por eso es
silenciada de una manera cruel y sádica. Su hermano Francisco y su esposo
planean el castigo de doña Inés, lo que muestra que los lazos masculinos son
más importantes que los lazos familiares. Zayas desmitifica la familia como un
lugar de asilo y muestra cómo el código de honor pone en peligro a la mujer
(Charnon-Deutsch 130). La mujer es la enemiga que se debe castigar, silenciar y
destruir. Es evidente que hay una relación entre el poder del hombre en el
mundo y su poder sobre la vida de la mujer (Charnon-Deutsch 130).
Zayas no sólo
desmitifica la familia como lugar seguro sino que también desmitifica la casa
como espacio seguro y la convierte en símbolo de tortura y de cautiverio,
representativo de la estructura patriarcal (Williamsen 144). El cuerpo de la
mujer por su parte sirve como el espacio para torturar. Se castiga a Inés de la
peor manera: encerrada en el hueco de una chimenea sin espacio para sentarse.
... pusieron a la pobre y desdichada doña Inés,
no dejándole mas lugar que cuanto pudiese estar en pie, porque si se quería
sentar, no podía, sino como ordinariamente se dice, en cuclillas, y la
tabicaron,
dejando sólo una ventanilla como medio pliego
de papel, por donde respirase y le pudiesen dar una miserable comida, por que
no muriese tan presto.(132)
La crueldad del castigo subraya el poder del hombre sobre la mujer y el
estado de desamparo que experimenta la mujer. Zayas depende mucho de la
presentación estética del cuerpo femenino para impartir su mensaje feminista y
por eso la descripción de Inés cuando dos mujeres la rescatan de su cárcel es
tan chocante:
Sus hermosos cabellos...enredados y llenos de
animalejos, que de no peinarlos se crían en tanta cantidad, que por encima
hervoreaban; el color, de la color de la muerte; tan flaca y consumida, que se
le
señalaban los huesos, desde los ojos hasta la
barba, dos surcos cavados de la lágrimas...descalza de pie y pierna, que de los
excrementos de su cuerpo, como no tenía donde echarlos, no sólo se habían
consumido, mas la propia carne comida hasta los muslos de llagas y
gusanos...(136-37)
La protagonista se queda ciega como resultado de su castigo y termina
refugiándose en un convento. Esto refuerza la idea de Zayas de que el único
lugar seguro para la mujer es el convento. La narradora termina este desengaño haciendo resaltar la inocencia
de doña Inés y la crueldad de los hombres: “pues si a las inocentes les sucede
esto, ¿qué esperan las culpadas? Pues en cuanto a la crueldad para con las
desdichadas mujeres, no hay que fiar en hermanos ni maridos, que todos son hombres
(138).
Igualmente sádico es el
desengaño “Mal presagio casar lejos,” donde el cuerpo de la mujer también sirve
como discurso corporeal. Esta novela enfatiza el papel del hombre como agresor
y muestra la crueldad que ejercen los hombres con los cuerpos femeninos
(Vollendorf 35). Trata de cuatro hermosas hermanas españolas, tres de las
cuales se casan con extranjeros y cada una de ellas muere a manos de su
verdugo, el esposo. En cada caso se enfatiza la inocencia de las hermanas:
“pues ni les sirvió la hermosura, la virtud, el entendimiento, la real sangre,
ni la inocencia para que no fuesen sacrificadas en las aras de la
desgracia”(260).
Primeramente, una
hermana es matada por su esposo que quería deshacerse de ella y la menor, que
vivía con ésta, temiendo por su vida, se arrojó por la ventana, rompiéndose las
piernas y los pocos años que vivió estuvo siempre en la cama. Luego, a la
siguiente hermana la ahorca su marido “con sus propios cabellos, que los tenía
muy hermosos, le hizo lazo a la garganta, con que la ahogó, y después mató al
niño con un veneno...”(261). La última en casarse, y en la cual el desengaño
se enfoca, es doña Blanca, quien muere desangrada por su suegro y por su
esposo.
Zayas enfatiza que el
matrimonio no es una opción segura para la mujer. Desde el comienzo del desengaño,
se sugiere que el matrimonio encarcela a la mujer y la deja impotente
contra el dominio patriarcal. Refiriéndose al matrimonio, la narradora dice:
“doña Blanca estuvo cautiva en el lazo que sólo la muerte le rompe”(261). Doña
Blanca, hasta cierto punto consciente de su destino, intenta posponer su
tortura, poniendo condición a su comprometido, un príncipe de Flandes, de
enamorarla y servirla por un año, lo que el príncipe le concede no por ella,
sino “por ver a España”(262). Cuando esta condición es criticada por una
sirvienta de doña Blanca, ella le responde:
-¿Y quiénes son los
necios, doña María – preguntó doña Blanca – que
llaman locura a una
razón fundada en buen discurso, de manera que
sienten mejor de
casarse una mujer con un hombre que jamás vió ni
habló, y que suceda ser
feo, o necio, o desabrido, o mal compuesto, y
se halle después
aborrecida y desesperada de haberse empleado mal,
que no avisarse del
caudal que lleva en su esposo? Todas cuantas
cosas se compran se
procuran ver, y que, vistas, agraden al gusto, como
un vestido, una joya.
¿Y un marido, que no se puede deshacer de él,
como de la joya, y del
vestido, ha de ser por el gusto ajeno? (263).
Por medio de Blanca, Zayas registra el hecho histórico de las
desafortunadas prácticas esponsales, por medio del cual las mujeres eran
prometidas en matrimonio sin consideración ninguna excepto por las
implicaciones sociales y financieras de la unión (Brownlee 47). Esta
perspectiva socioeconómica del matrimonio era el estándar hasta el siglo XIX.
Zayas quiere criticar este acercamiento al cortejo y al matrimonio.
El príncipe la trata
muy bien durante este año pero en el momento de posesión cambia su actitud y su
comportamiento: “se iba cansando de los gestos que en esperanza le habían
agradado...”(273). Zayas desmitifica la idea del Príncipe Azul que viene a
rescatar a la mujer y llevársela lejos del peligro. Se muestra el cambio
abrupto al llegar a Flandes y a la casa de su suegro, quien la trata con tal
odio, llamándola no por su nombre sino “la españoleta,” que doña Blanca supo
“claramente que estaba en poder de sus enemigos”(274). Se enfatiza aquí que
para el hombre la mujer es un objeto de desprecio. No sólo se percibe este odio
hacia doña Blanca, la extranjera, sino también hacia la nuera, doña Marieta.
Ambas son ignoradas y despreciadas por sus esposos, lo que une a las dos y se
forma una gran amistad:
...cobrándose las dos tanto amor, que si no era
para dormir, no se dividía la una de la otra, comunicando entre ellas sus
penas, que gustos tenían tan pocos, que no las cansaba mucho el contarlos,
porque tan poco
estimaba su esposo a la señora Marieta, como el
príncipe a doña Blanca.(274)
Zayas sugiere que el único lazo de verdadera solidaridad que puede tener
la mujer es con otra mujer.
La crueldad contra
Blanca por su marido va aumentando con el tiempo. Primero, se manifiesta como
indiferencia hacia ella, luego con ataques verbales, y culmina en la violencia
física:
...el príncipe se descompuso con doña Blanca,
no sólo de palabras, mas de obras, maltratándola tanto, que fue milagro salir
de sus manos con la vida, y ésa se la pudo deber, después de Dios, a la señora
Marieta,
que con su autoridad puso treguas, aunque no
paces, al disgusto de este día...(280)
En otro momento, vemos de nuevo la cuestión de honor que termina en la
violencia contra la mujer. El esposo y padre de la señora Marieta la matan.
Nunca se explica muy bien de qué la acusan, lo que muestra que no importa. Sin
embargo, el castigo se narra en gran detalle. Después de haber matado a
puñaladas al hombre que acompañaba a la señora Marieta en sus salidas, el
esposo y su padre llamaron a Marieta:
...tenían atado al espaldar de una silla un
palo, y haciéndola sentar en ella, su propio marido, delante de su padre, la
dio garrote; que ésta tan cruel sentencia contra la hermosa y desgraciada
señora salió de acuerdo de los dos, suegro y yerno de más de una hora que
habían estado a solas.(281)
Esta escena demuestra como las relaciones entre los hombres son mucho
más fuertes que las de padre/hija o esposo/esposa. El suegro y el yerno se unen
y conspiran contra la “enemiga natural,” la mujer, y la matan a palotazos. La
violencia sádica continúa cuando dejan el cuerpo de Marieta en la sala de comer
para que doña Blanca la vea. Esto sirve de aviso para ella, como tormento
psicológico, que le advierte que pronto vendrá su turno.
Cuando finalmente viene
el turno de Blanca, al sorprender a su esposo y a su amante, Arnesto, en la
cama, ella dice: “Mi muerte hallé... y si hasta aquí la veía en sombras, la veo
ya clara y sin ellas. Bien sé que lo que he visto me ha de costar la
vida”(228). Por fin se explica el motivo de tanta excesiva barbaridad hacia las
mujeres, el hecho de que el príncipe, su padre y Arnesto forman una estrecha
comunidad homosexual. En vez de hacerse la desentendida, doña Blanca decide
cobrar agencia en sus últimos momentos de vida y vengarse. Ella quema la cama
de los amantes en el patio, lo que enfurece a los hombres y hasta cierto punto
aumenta el grado de crueldad y violencia que experimentará en su muerte. El
acto de quemar la cama es una señal de su rabia por ser reemplazada por una
unión (homosexual) que la excluye de una economía de deseo en términos
absolutos. El suegro, ardiendo de ira, asegura a su hijo: “No temas eso, que
antes de mañana a estas horas pagará la española atrevida estos excesos”(288).
Quizás si Blanca
hubiera sido más pasiva y esperado su muerte silenciosamente, sus verdugos
hubiesen sido menos crueles, pero estos “excesos” son lo que no toleran porque
socava la autoridad masculina. Deciden desangrarla y “la abrieron las venas de
entrambos brazos, para que por tan pequeñas heridas saliese el alma, envuelta
en sangre, de aquella inocente víctima, sacrificada en el rigor de tan crueles
enemigos”(289). Para “dársela con más crueldad,” Arnesto, el amante, conspira
en la ejecución.
Se subraya de nuevo que
las relaciones entre hombres cargan más peso que las relaciones entre esposo y
esposa porque Arnesto, siendo de una clase inferior a la de Blanca todavía
ejerce más poder que ella. De acuerdo con Eve Sedgewick, el tipo de relación
que existe entre Arnesto y el príncipe es una relación homosocial. En la
sociedad patriarcal “there is a special relationship between male homosocial (including
homosexual) desire and the structures for maintaining and transmitting
patriarchal power...”(481). Es
decir que la relación entre los hombres refuerza la dominación patriarcal sobre
la mujer.
El placer sádico que
experimentan el suegro y Arnesto al ver a doña Blanca morir se transmite en la
palabras del suegro: “Así tuviera a todas las de su nación como tengo a
ésta”(290). Se refiere, por supuesto, a todas las españolas, sin embargo,
también se puede interpretar como a todas las de su género. Esto refuerza la
crítica de Zayas de que la mujer es ajena al hombre y que no ocupa un espacio
en el mundo patriarcal.
Es curiosa la reacción
del príncipe al ver a doña Blanca casi muerta porque por primera vez siente
compasión y enternecimiento por ella. En este momento se arrepiente, diciendo
que “no me ha parecido más linda que ahora. Por esta hermosura merece perdón su
atrevimiento”(290). Se revela el estado mental enfermizo del príncipe que sólo
se excita o se emociona cuando ve a una mujer en su estado más pasivo, justo
antes de morir.
El discurso de Zayas en
ambas novelas emplea lo corporeal femenino como estrategia para transmitir un
mensaje feminista a la sociedad del siglo XVII. En palabras de Lisa
Vollendorf: “María de Zayas responds to the devaluation of the feminine in the
intellectual and cultural spheres with feminism based on women’s
corporeality”(69). Al expresar
una visión extremadamente pesimista del matrimonio y de las relaciones entre
los hombres y mujeres, Zayas se enfoca en la crueldad y la violencia para
enfatizar la necesidad de cambio. Después de leer la colección de novelas, es
evidente que Zayas apoya la opción de la mujer de entrar en un convento.
Aunque hay varias lecturas teóricas que se
pueden hacer sobre el discurso Zayesco, este trabajo intentó analizar dos de
los desengaños basándose en la teoría feminista contemporánea, sobre
todo en la teoría del “corporeal feminism” de Vollendorf. Debido a que el
término feminismo es del siglo XX, no se puede categorizar a Zayas como
feminista pero dentro de su época sus textos fueron progresivos y demuestran
una clara conciencia del estado de persecución en que se encontraba la mujer.
El hecho de que sus textos cuestionan las relaciones de género, sitúa a Zayas
como una pionera en el campo del feminismo y una de las escritoras más
importantes de su siglo.
Notas
1 Cuando se habla de novela, se refiere a la
novela corta del siglo XVII en
España.
2 Por ejemplo, además de las ediciones de Zayas,
Cervantes, y de la
picaresca, en las
últimas décadas se encuentran ediciones modernas de las
novelas de Leonor de
Meneses (1995), Mariana de Carvajal (1993), y Juan
Pérez de Montalbán
(1990) para nombrar algunos. Para una lista más completa,
véase la introducción
de Judith Whitenack y Gwyn Campbell.
3 El uso del marco novelesco en las novelas
cortas españolas del siglo XVI y
XVII, se ha atribuído a la influencia de las
colecciones de novelas del
renacimiento italiano, particularmente las de
Boccaccio y sus sucesores
Bandello, Cinthio, Guicciardino y Straparola
(Whitenack viii).
4 La época de Zayas estaba obsesionada con la
magia – sus orígenes, sus
posibilidades y sus
implicaciones. En sus novelas, Zayas ofrece al lector todo
tipo de mago que
controla ya sea la magia blanca o la magia negra en el caso
de “La inocencia
castigada” (Brownlee 85).
5 La falta de final feliz
en estos “desengaños” hace resaltar la diferencia entre
Zayas y su contemporánea, Mariana de Carvajal.
La obra de Carvajal,
Navidades de Madrid y noches entretenidas en
ocho novelas (1663),
se
caracteriza por circunstancias idealizadas y finales felices. Sobre las
diferencias y similitudes de Zayas y Carvajal, véase Judith A. Whitenack y
Gwyn E. Campbell, Zayas
and Her Sisters: An Anthology of Novelas by 17th-
Century Spanish Women. North
Carolina: Pegasus P, 2000.
Bibliografía
Boyer, Patsy H. “Toward a Baroque Reading of ‘El verdugo de su esposa’”
María de Zayas: The Dynamics of Discourse. Eds. Amy R. Williamsen and Judith Whitenack. New Jersey: Associated UP, 1995. 52-71.
Brownlee, Marina S. The Cultural Labyrinth of María de Zayas. Philadelphia: U of
Pennsylvania P, 2000.
Charnon-Deutsch, Lou. “The Sexual Economy in the Narratives of María
de Zayas.” María de Zayas: The Dynamics of Discourse. Eds. Amy R. Williamsen and Judith Whitenack. New Jersey: Associated UP, 1995.
117-32.
Mulvey, Laura. “Visual Pleasure and
Narrative Cinema.” Feminisms:
An Anthology of Literary Theory and Criticism. Eds. Robyn R. Warhol and Diane Price Herndl. New Jersey: Rutgers UP, 1991. 432-42.
Sedgwick, Eve Kosofsky. “Gender Asymmetry and Erotic Triangles.”
Feminisms: An Anthology of Literary Theory and Criticism. Eds. Robyn R. Warhol and Diane Price Herndl. New Jersey: Rutgers UP, 1991. 478-86.
Vollendorf, Lisa. Reclaiming the
Body: María de Zayas’s Early Modern
Feminism. Chapel Hill: Oxford UP, 2001.
Whitenack, Judith A. and Gwyn E.
Campbell. Zayas & Her Sisters: An Anthology
of Novelas by 17th-Century Spanish Women. North Carolina: Pegasus P,
2000.
Williamsen, Amy R. “Challenging the
Code: Honor in María de Zayas.” María
de Zayas: The
Dynamics of Discourse. Eds. Amy
R. Williamsen and Judith Whitenack. New Jersey: Associated UP, 1995.
133-51.
Zayas y Sotomayor, María de. Desengaños amorosos. Madrid: Aldus,
1950.